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Argentina campeón del mundo, o casi, también en inflación

AFP ||

La variación del índice de precios al consumo en diciembre confirmó que Argentina está entre los países con mayor inflación del mundo en 2022: una tasa desmedida de 95 % anual, difícil de comprender y sin buenas perspectivas, más allá de una moderación al final del año.

De un litro a una gota

La evolución de los precios de algunos productos marea: un litro de leche aumentó 320% desde fines de 2019, el aceite de cocina 456 %, y el kilo de azúcar 490 %, sostiene la consultora especializada Abeceb.

“Te parás frente a las góndolas (ndlr: estanterías de los supermercados) y analizás los precios como si estuvieras eligiendo una joya… La panadería, es un disparate. Ya casi no consumo queso rallado, que se fue a las nubes, casi 3.500 pesos (cerca de 20 dólares) el kilo, cuando hace un año no llegaba a 1.000 pesos”, menos de un tercio del precio actual, explica Julián Rattano, un químico jubilado de 66 años, al comprar en un supermercado de Parque Chacabuco, un barrio de clase media de Buenos Aires.

Roxana Prado, de 34 años, se lamenta: “El precio de la leche, el queso, los huevos, nada tiene relación con nada. El maple (30 huevos) lo compraba el año pasado a 150 o 200 pesos (un dólar al cambio oficial); hoy está a 700 pesos (3,88 dólares)”. 

Madre de dos hijos de 6 y 9 años, no podrán salir de vacaciones este año. “Mi marido y yo trabajamos, pero de solo pensar en el inicio de la escuela y los gastos de marzo ya estamos temblando”.

Multicausal y vuelta reflejo

Desde hace una década, Argentina registra índices de inflación anual de dos cifras, pero la escalada de precios sufrió una fuerte aceleración desde 2018, año en que alcanzó 47,6%. Luego se sucedieron un 53,8% en 2019, con una baja a 36,1% en medio de la pandemia en 2020, para volver a crecer en 2021 (50,9%) y este año (94,8 %).

Las causas de la inflación son múltiples y su importancia varía. 

A lo largo de los años, se mezclaron las políticas expansionistas a base de déficit fiscal, financiadas en parte por emisión monetaria; una inflación clásica por demanda, y fuertes devaluaciones que repercutieron sobre los precios. Recientemente se sumaron factores externos como la guerra en Ucrania, que le puso presión a los precios domésticos de energía y alimentos.

En Argentina la inflación “tiene también raíces sociológicas muy importantes”, dijo a la AFP el economista Ricardo Aronskind. “Se agrega una inflación inercial (ndlr: relacionada con las propias expectativas de inflación)”, destacó este profesor de las universidades de General Sarmiento y de Buenos Aires.

“A partir de un cierto nivel de inflación, la sociedad empieza a incorporar en sus pautas de comportamiento una acción sistemática de remarcación de precios, de tarifas, de salarios, de alquileres (…) de acuerdo a expectativas no siempre sólidas, a veces simplemente fantasías o rumores sobre lo que será la inflación futura”, señaló.

En ese marco, algunos sectores muy concentrados de la economía, una minoría, pueden jugar con los precios y “hacer ganancias altas”, pero “los asalariados y los trabajadores informales quedan sistemáticamente detrás de la inflacion”, enfatizó.

Verano: ¿resaca o respiro?

Tres meses consecutivos de moderación relativa de la inflación (6,3 % en octubre, 4,9 % en noviembre y 5,1% en diciembre), un verano con playas colmadas, y un eco que todavía resuena por la alegría de la obtención de la Copa Mundial de fútbol, llevaron algo de calma a los argentinos, luego de un mes de julio tormentoso con dos cambios de ministros de Economía y una inflación que llegó a 7,4% mensual.

El ministro de Economía, Sergio Massa, dijo que su objetivo es que el índice de inflación mensual “empiece en 3” en abril.

Massa, a la cabeza de un ‘superministerio’ de Economía del que el Fondo Monetario Internacional celebró sus “acciones que están comenzando a dar frutos”, confía en un crecimiento “superior a 5%” para 2022 (la previsión era de 4,5% interanual en octubre). Y, en un año electoral, confía en poder “pelear contra la inflación y ordenar el gasto sin enfriar la economía ni plantear ajustes dolorosos”. 

Entre otras herramientas, Massa pretende prolongar hasta julio un programa de “Precios Justos” que congela precios de 2.000 productos básicos y pone un techo de aumento de 4% a otros 30.000, mediante un acuerdo con un centenar de grandes empresas.