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La geopolítica impuso su ritmo al mercado de cereales en 2022

AFP ||

El mercado de cereales entró en 2022 en una era de incertidumbre debido a la guerra en Ucrania, que puso en evidencia la fragilidad de los sistemas alimentarios del planeta.

Los analistas definen 2022 como un “año de extremos”, “fuera de lo corriente”, y prevén que la volatilidad se mantenga en 2023, con precios apuntalados por el regreso de la demanda de China, que está eliminando sus restricciones sanitarias.

En 2022, los precios del trigo -y por tanto, del pan- vivieron en una “montaña rusa”, en el tenso contexto de la recuperación poscovid, que había inflado los precios de la energía y los granos.

El mundo esquivó el peor escenario de “huracanes de hambruna” que llegó a evocar la ONU, pero se espera que en 2023 la factura global de las importaciones de alimentos suba un 10%, según la FAO.

Los países pobres, especialmente los de África subsahariana, “pagarán más por tener menos”, advierte.

“Cúmulo de incertidumbres”

La guerra en Ucrania, superpotencia agrícola que estaba a punto de recuperar su histórico rol de granero del planeta, confrontó al mundo a un shock inédito.

“Esta guerra ha puesto en peligro, ella sola, un cuarto del comercio mundial de cereales, incitando a numerosos países a proteger sus suministros alimentarios nacionales limitando las exportaciones”, como en el caso de India, y ha evidenciado “la fragilidad del sistema alimentario mundial”, subraya una nota de análisis del banco UBS.

En el mercado europeo, el trigo empezó 2022 a 270 euros (287 dólares) la tonelada y llegó a los 315 (334 dólares) a finales de diciembre, un aumento de cerca del 17% en un año. Pero esto oculta una “volatilidad sin precedentes, con un pico de 438 euros el 16 de mayo” cuando el tráfico mercante se encontraba casi paralizado en el mar Negro, recuerda Arthur Portier, analista del gabinete Agritel.

La actual “volatilidad está ligada a un cúmulo de incertidumbres”: en los mercados agrícolas, pasamos de los riesgos casi exclusivamentee climáticos a la incertidumbres sanitaria ligada al covid y a la gripe aviar, geopolíticos, con la guerra en Ucrania, energéticos, con el aumento del precio de los carburantes y el grano, y macroeconómicos, con el temor a una recesión mundial, explica.

La situación en Ucrania fue el motor único del mercado durante meses: el presidente ruso, Vladimir Putin, impuso una diplomacia del grano intentando ligar la suerte del comercio en el mar Negro con un levantamiento parcial de las sanciones internacionales contra su país.

El 2023, ¿otro año volátil?

Mientras Europa occidental se abrasaba por la ola de calor, Rusia obtenía una cosecha extraordinaria -estimada en cerca de 100 millones de toneladas por varios analistas- al mismo tiempo que Ucrania perdía un cuarto de su superficie cultivada por la guerra, con una producción cerealera en caída del 40%.

Sobre el papel, las reservas mundiales de trigo se encuentran en su nivel más alto en los países exportadores.

Pero, subraya Arthur Portier, “el 35% de las reservas se encuentran actualmente en Rusia”, acomodada en su posición de árbitro si se produce un incidente climático de calado en algún otro país exportador.

Por otro lado, en 2022 los mercados americanos sufrieron por la fortaleza del dólar y la ralentización drástica de la demanda en China, habitualmente hambrienta de soja y maíz.

Si la recuperación china se confirma y la reserva federal estadounidense (Fed) se hace “más neutra”, dejando de aumentar sus tipos de referencia, “la burbuja de las materias primas se puede volver a inflar un poco y los fondos comprarán más”, explica Michaël Zuzolo, de Global Commodity Analytics and Consulting.

Para los analistas de UBS, el “2023 probablemente será otro año volátil”, ya que “los precios de los cereales no reflejan lo suficiente el nivel de riesgos climáticos y geopolíticos” presentes y futuros. Los mercados, consideran los expertos, han digerido -quizá, demasiado rápido- los riesgos ligados al conflicto ucraniano y al fenómeno climático La Niña que inunda Australia y seca las llanuras americanas, el sur de Brasil y Argentina.